Señor, Tú quisiste hacerte hombre como nosotros y al encarnarte, experimentaste la condición humana en su totalidad, incluyendo la enfermedad. No te quedaste inmóvil ante el sufrimiento: los ciegos vieron, los sordos escucharon, los leprosos sanaron. Hoy te pedimos que manifiestes tu amor a través de nosotros; queremos que las personas vean en nosotros tu rostro. Esa mirada llena de amor que, con sólo desearlo, puede sanar cualquier dolencia física o espiritual.
Por ti existimos. Gracias a ti podemos atender a los demás y regresar sanos y salvos; no estamos solos, Señor. Te pedimos que siempre guíes nuestros pasos, nuestras manos, nuestras diferentes capacidades en cada guardia, en cada paciente, en cada emergencia, en cada momento para dar a conocer tu poder.
Que María, nuestra Buena Madre, siempre nos acompañe en nuestro trabajo cotidiano y a ejemplo suyo, podamos ser buenos cristianos y virtuosos ciudadanos.
Somos hijos tuyos Padre bueno; somos hombres y mujeres interesados en los demás; somos paramédicos. Lo que nos mueve es el Amor.
Que nunca nos olvidemos de ti, porque Tú nunca te olvidas de nosotros.
Amén.
Por ti existimos. Gracias a ti podemos atender a los demás y regresar sanos y salvos; no estamos solos, Señor. Te pedimos que siempre guíes nuestros pasos, nuestras manos, nuestras diferentes capacidades en cada guardia, en cada paciente, en cada emergencia, en cada momento para dar a conocer tu poder.
Que María, nuestra Buena Madre, siempre nos acompañe en nuestro trabajo cotidiano y a ejemplo suyo, podamos ser buenos cristianos y virtuosos ciudadanos.
Somos hijos tuyos Padre bueno; somos hombres y mujeres interesados en los demás; somos paramédicos. Lo que nos mueve es el Amor.
Que nunca nos olvidemos de ti, porque Tú nunca te olvidas de nosotros.
Amén.

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